jueves, 13 de noviembre de 2008

Tras la lectura de Ramata me considero un afortunado por haberla podido disfrutar antes que todos los que estáis leyendo estas líneas. Pero no sólo por eso.
Me gustaría que compartierais conmigo esta maravillosa historia, digna de la más insigne tradición oral africana.
Las comparaciones son odiosas y no pretendo establecerlas, pero tenía muchas ganas de leer otra historia, como me sucedió hace poco con Los hombres que no amaban a las mujeres y en planos muy distintos con La elegancia del erizo o El Pentateuco de Isaac, en que al acabar necesitara compañeros de lectura; primero en mi entorno más inmediato, pero después, nobleza obliga, en un radio de acción más amplio.
Y aquí estoy, saltándome todas las normas de urbanidad familiar, un domingo por la tarde, escribiéndoos estas líneas en el convencimiento de que , no sólo como libreros, sino fundamentalmente como lectores –y para vuestros lectores- en el transcurso de la narración que os propongo compartir tendréis tiempo de experimentar, de manera consecutiva y simultánea, las más diversas emociones: "lloraréis, os regocijaréis, sonreiréis, os estremeceréis, aplaudiréis a rabiar, os enterneceréis, temblareis, sentiréis náuseas, reiréis a carcajadas, se os encogerá el corazón, os alegrareis, os entristeceréis, pensaréis en el mas allá, en el Infierno, en el Paraíso y en el Juicio Final, gritaréis de indignación, os invadirá el desasosiego, os llenaréis de asombro, se os erizará el vello, os sentiréis humillados…"

En fin, éste es mi pequeño mensaje en clave sobre Ramata , que espero poder compartir con todos vosotros.

El autor de esta mordaz novela social africana, Abasse Ndione, estuvo en nuestro país dentro de unos días con motivo de la celebración del Getafe Negro , primer festival de novela policíaca de Madrid.

miércoles, 7 de mayo de 2008

Y el próximo...


... La fórmula de Dios, de José Rodrigues dos Santos.

¿Quién dijo que sólo los hombres leen novela negra?



Algo había leído anteriormente de Michael Robotham, aunque reconozco que a media lectura "se me colaron otras obras" y las dejé a medias. Las voy a recuperar, en breve, por supuesto.
En Ferry de Medianoche, quizá por la alfombra roja que nos tiende Val McDermid en portada, no me dejé embaucar por otros cantos de sirena y seguí, seguí, seguí... Y me sobrecogí por cómo este australiano ha sido capaz de tejer una tremenda red de personajes deslumbrantes, creíbles, reales, pero a la vez terroríficos por verosímiles.
Las adopciones ilegales es el eje fundamental de la historia, pero bajo mi punto de vista -y a diferencia de muchas obras recientes del llamado género "negro y criminal"- es una novela femenina, en el sentido que poseer la sensibilidad que muchas veces los hombres no tenemos. Y me ha gustado. Sobre todo porque esa sensibilidad emana de un escritor, no de una escritora.
Y me he enamorado de esa detective sij de la policía metropolitana de Londres -a la que por suerte, nunca podré conocer-, en cuya labor policial está tan presente su religión, como la aceptación de los demás hacia su "diferencia". Y porque aunque se trate de una obra de ficción, se puede llegar a comprender de lo que es capaz una mujer por llegar a ser madre.

martes, 1 de abril de 2008


Reconozco haber leído muy poco sobre la extensa obra obra de Dan Simmons publicada en España. Y reconozco haber leído El Terror un poco "obligado por la editora". Que si es buenísimo, que es una novela histórica fabulosa, etc.

Estoy absolutamente encantado de haberme dejado convencer y de que esas circunstancias me hayan hecho descubrir a un pedazo de autor.

Manteniendo la esencia que lo ha consagrado como un auténtico camaleón de la narrativa (ha escrito fantasía, ciencia ficción, novela policíaca) se adentra de manera magistral en la novela histórica -tomando como punto de partida la historia (real) de una expedición al Ártico a mediados del S. XIX- con una obra que es una montaña rusa de sensaciones y un auténtico ejercicio de control sobre el lector. Subes y bajas cuando él lo desea, no cuando tú quieres. Una autèntica maravilla. No dejéis de leerlo porque 782 páginas aseguran el disfrute.

miércoles, 27 de febrero de 2008




Les tengo que confesar que en todos los años que llevo leyendo, ya sea por puro placer (siempre lo es, ciertamente) como por otras cuestiones, no recuerdo muchos libros cuya frase inicial y final sea idéntica y que ese hecho siginifique, efectivamente, que acabamos de disfrutar de una historia circular, redonda.
"Cada vez que moría, regresaba". Así empieza Charles Lewinsky a contarnos la historia de la familia Meijer, en 1871 y así la termina en 1945.
Y en esos 74 años pasa por delante de nuestras narices la vida de cuatro generaciones de judíos suizos, empezando por Salomon y Golde Meijer, sus dos hijas, Mimi y Chanele con sus respectivos y peculiares cónyuges, sus cuatro nietos, Arthur, Hinda y François -hijos de Chanele-, y Désirée, hija de Mimi, hasta llegar a sus biznietos, Hillel y los cuatro nietos de Hinda.
Quien espere encontrar una historia más sobre el judaísmo, no es el destinatario de esta novela. Las atrocidades sometidas del nazismo son un sutil telón de fondo.
Quien, sin embargo, le guste disfrutar, primero, de una historia bien escrita, profusa en detalles y vivencias y, segundo, con otra perspectiva distinta a la que estamos acostumbrándonos a leer sobre la vida de los judíos en Europa en ese período histórico, disfrutará y mucho con La fortuna de los Meijer.