miércoles, 27 de febrero de 2008




Les tengo que confesar que en todos los años que llevo leyendo, ya sea por puro placer (siempre lo es, ciertamente) como por otras cuestiones, no recuerdo muchos libros cuya frase inicial y final sea idéntica y que ese hecho siginifique, efectivamente, que acabamos de disfrutar de una historia circular, redonda.
"Cada vez que moría, regresaba". Así empieza Charles Lewinsky a contarnos la historia de la familia Meijer, en 1871 y así la termina en 1945.
Y en esos 74 años pasa por delante de nuestras narices la vida de cuatro generaciones de judíos suizos, empezando por Salomon y Golde Meijer, sus dos hijas, Mimi y Chanele con sus respectivos y peculiares cónyuges, sus cuatro nietos, Arthur, Hinda y François -hijos de Chanele-, y Désirée, hija de Mimi, hasta llegar a sus biznietos, Hillel y los cuatro nietos de Hinda.
Quien espere encontrar una historia más sobre el judaísmo, no es el destinatario de esta novela. Las atrocidades sometidas del nazismo son un sutil telón de fondo.
Quien, sin embargo, le guste disfrutar, primero, de una historia bien escrita, profusa en detalles y vivencias y, segundo, con otra perspectiva distinta a la que estamos acostumbrándonos a leer sobre la vida de los judíos en Europa en ese período histórico, disfrutará y mucho con La fortuna de los Meijer.